Repaso histórico.

Cuando las perspectivas de la vida se basan en los momentos presentes, olvidamos, con frecuencia, toda la historia que ha gestado las condiciones actuales del mundo moderno. La historia de la electroencefalografía (EEG), su análisis y descubrimiento fisiológico ha sido una historia de grandes hombres y descubrimientos, motivados por la intrínseca curiosidad inmanente en los verdaderos científicos, pero también es una historia plagada de grandes errores humanos colectivos e individuales que, en no pocas ocasiones, terminaron en tragedia.

 

Intentemos develar un poco esa historia, producto de la invaluable labor y talento de estos científicos que nos legaron una herramienta imprescindible para el entendimiento del funcionamiento del cerebro a lo largo de los siglos XX y XXI.

 

El inicio de esta historia se sitúa en la segunda mitad el siglo XIX, conocida como la Segunda Revolución Industrial o era del Gran Capitalismo, en donde surgieron invenciones que cambiaron la vida social, política y, por supuesto, científica de toda la humanidad.

 

Con Claude Bernard nace la medicina experimental, de Rudolf Virchow se obtuvo la teoría microbiana de la enfermedad, la teoría de la evolución de las especies nace con Charles Darwin, y Gregor Mendel nos asombra con las bases de la genética.

 

Dentro de todo este contexto, se comienza a experimentar con los descubrimientos de un siglo antes desarrollados por Luigi Galvani, el cual ya había experimentado con estimulación eléctrica a la médula espinal de ranas, a la que llamo “bioelectrogénesis” y sentaba, aunque muy incipientemente, las bases de la neurofisiología moderna.

 

Pero el contexto en el cual se desarrolla la creación de la electroencefalografía moderna, si bien posee su punto de partida con los experimentos de Galvani, se desarrolla con las teorías que permitirán el estudio de la actividad eléctrica del cerebro serán consecuencia de personajes como Emil Du Bois Reymond, que creo en 1848 un registro de los potenciales del músculo sobre la piel, lo que creo las bases de la Electromiografía (EMG) clínica. Un revolucionario para su tiempo no solo en el aspecto científico, sino además por sus creencias filosóficas religiosas, ya que era un ateo declarado, inusual para la época.

 

Para el mismo año en que el mundo veía a los primeros coches impulsados por vapor, 1875, Richard Caton publica por primera vez una investigación en donde se documentó la actividad eléctrica cerebral en animales vivos, a los que refirió como corrientes eléctricas en la sustancia gris. Los experimentos realizados fueron una gran hazaña para el tiempo en el que fueron realizados. Colocó electrodos directamente en los cerebros de animales pequeños como conejos y gatos, y pudo registrar estas “corrientes eléctricas” con un galvanómetro improvisado. Asimismo, observó que la narcosis clorofórmica suprimía las reacciones electrobiológicas del cerebro.

 

Uno de los más grandes saltos de la electroencefalografía lo realizaría el médico ruso Vladimir Pravdich-Neminsky, quien, para el año de 1913, examinaría el sistema nervioso de un perro, y creo lo que denominó “electrocerebrograma”. La importancia de este hecho radica en que previo a su experimento todas las observaciones se hacían con cerebros completamente descubiertos, y él pudo amplificar la señal suficiente para hacerlo sin trepanar el cráneo del sujeto de estudio.

 

Desafortunadamente para el Dr. Pradvich, la marea social alcanza hasta a las mentes más brillantes, y al sobrevenir la Revolución Rusa, y ya al término de la primera guerra mundial, justo el año del martes negro, fue arrestado y condenado a 3 años de prisión en Arkhangelsk, una ciudad que alguna vez fuera el centro portuario de toda Rusia. Al salir de prisión, la suerte tampoco le favoreció los siguientes 7 años, era contratado y despedido por considerarlo un “intelectual Burgués del antiguo régimen”. Se sabe, sin embargo, que al final pudo, merecidamente, obtener la jefatura del Laboratorio de Cerebrografía de Moscú de la Academia de Ciencias de la URSS hasta su muerte.

 

Corresponde hablar del que es reconocido como el padre de la Electroencefalografía, el alemán Hans Berger. El interés del Dr. Hans Berger por la actividad del cerebro se remonta al año 1891, se cayó de un caballo mientras servía en las tropas de caballería, y fue a parar a las ruedas de un cañón del que tiraban unos caballos. Casi al mismo tiempo su hermana, que se encontraba a gran distancia, sintió la necesidad de escribir un telegrama para ver su estado físico, ya que sintió que algo malo le habría ocurrido a su querido hermano.

 

Este hecho marco la investigación del joven Hans y lo condujo, aunque generalmente en secreto, a intentar descubrir los secretos de la telepatía. Pero la serendipia tiene caminos incógnitos, por fortuna para la humanidad.

Para el año de 1902, el Dr. Berger realiza algunos estudios sobre animales con el electrómetro capilar de Lippmann. Sin embargo, su verdadero interés era detectar la actividad eléctrica de la corteza cerebral de humanos y no solo de modelos animales, y fue por esta motivación que el 6 de julio de 1924 llegó a registrar directamente los potenciales eléctricos con el galvanómetro de Edelmann directamente en la corteza cerebral de un joven de 17 años durante una operación de un tumor cerebral. Después lo hizo con otro varón de 40 años durante la intervención de un gliosarcoma.

Al registro de estas fluctaciones eléctricas cerebrales las bautizó con el nombre de “electroencefalograma”. También observó unas oscilaciones electromagnéticas provenientes de la actividad eléctrica sincrónica del tálamo, que posteriormente se llamaron “ritmo de Berger” y en los tiempos modernos como “ondas alfa”.

 

La ignorancia es un lastre cuando intentamos avanzar en terrenos que requieren conocimiento, y esto fue lo que le paso al Dr. Berger, su desconocimiento sobre algunos aspectos técnicos para desarrollar mejores resultados, lo llevaron a atrasar sus experimentaciones; aun así, fue acumulando información y manteniéndola en secreto durante los siguientes 5 años, hasta que en 1929 publicara sus resultados en el artículo “eber das Elektrenkephalogramm des Menschen” (sobre el electroencefalograma de los seres humanos).

 

La figura del Dr. Berger ha estado envuelta en la controversia de forma más reciente por su supuesta implicación en la colaboración Nazi. La idealización de las grandes figuras llevo por años a pensar que el trágico desenlace del Dr. Berger había sido como respuesta al hartazgo de la situación político social que se presentaba en su país en ese momento, pero es más probable que un estado depresivo agudo, enfermedad que ya lo aquejaba aún antes del advenimiento del nacismo, lo llevara a tomar la desafortunada decisión de terminar su vida de forma voluntaria, el 1° de Junio de 1941, colgándose de en la clínica en donde estaba recluido por esta afección en ese momento.

 

Muy a pesar de sus demostraciones, tuvieron que pasar algunos años hasta que los fisiólogos ingleses Adrian y Matthews,  en 1934, hicieran una demostración pública en una reunión de la Sociedad de Fisiología, en Cambridge, y verificaron por primera vez en “Ritmo de Berger”, lo que dio por fin el reconocimiento meritorio al actual padre de la electroencefalografía.

 

Gracias a los mejores conocimientos científicos y tecnológicos de los arriba citados, pudieron avanzar mucho más y demostraron que el ritmo regular y amplio de diez ciclos por segundo surgía de las áreas visuales de asociación y no de todo el cerebro.

 

Ya con base en todo lo anterior el rápido y acelerado crecimiento de esta técnica de medición de la actividad cerebral humana fue imparable. Frederic Golla pudo confirmar que algunas alteraciones de la oscilación rítmicas de la actividad cerebral se presentan en ciertas enfermedades como la epilepsia, dato confirmado por Fisher y Lowenback detectando picos epileptiformes.

 

La cereza del pastel provino de un investigador estadounidense William Grey Walter, el cual desarrollo sus propias versiones de la máquina de Berger adicionando mejoras en las capacidades para lograr detectar una variedad de tipos de ondas cerebrales que van desde la alta velocidad de las ondas Alfa a la lenta ondas Delta observadas durante el sueño. Esta gran contribución, desarrollada por uno de los pioneros de la inteligencia artificial, ha ayudado a desarrollar un sinfín de estudios y protocolos que han dado gran luz a la humanidad.

 

Existen muchos otros grandes científicos que han contribuido al desarrollo de esta tecnología que, por motivos de espacio y tiempo, dejaremos para contribuciones posteriores. Es de gran relevancia es el hacer notar que, a pesar de los contratiempos tecnológicos, sociales, políticos y económicos,  el raciocinio humano, guiado casi siempre por esa duda metódica que se da en las grandes mentes, encuentra una forma de acallar esa punzante e inagotable inquietud, mejorando las condiciones de vida de la humanidad en general.

Bibliografía

 

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La Electroencefalografía.

Contenido por

Dr. Guillermo Carvajal

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